Poco a poco la capa de hielo del Ártico ha ido disminuyendo debido al cambio climático alcanzado mínimos históricos en 2016.

Para evitar este proceso o más bien ralentizarlo existen soluciones típicas como reducir la emisión de gases de efecto invernadero, aplicar un programa de energías renovables…

Sin embargo, un grupo de científicos ha diseñado una tecnología capaz de hacer que aumente el grosor de la capa hielo del Ártico. El trabajo ha sido publicado en la revista Earth´s Future con el nombre de Artic ice management.

Dicha tecnología consiste básicamente en regenerar la capa de hielo que recubre el Ártico de forma artificial. Para ello, basta con utilizar unas bombas que bombeen agua desde la parte inferior de la capa de hielo hasta la superficie. Una vez este el agua en la superficie las bajas temperaturas harán el resto del trabajo. Para que estas bombas funcionen basta con aprovechar las fuertes rachas de viento del ártico instalando molinos de viento.

Hasta ahora todo bien, tenemos una tecnología capaz de crear una capa más resistente en el ártico y evitar el deshielo durante más años.

Sin embargo, ahora viene lo complicado, ¿cuántas bombas se necesitarían y cuál sería su coste?

Según los investigadores cada bomba sería capaz de cubrir 0,1 Km^2 con un metro de espesor. El área total del Ártico es de 10^7 Km^2, por lo tanto, necesitaríamos 100 millones de bombas para cubrir todo el océano. Estas cifras son demasiado grandes por lo que los investigadores proponen comenzar por el 10% de dicha extensión.

Los aparatos estarían diseñados de acero. Para llevar a cabo el proyecto se necesitarían 10 millones de toneladas al año para cubrir el 10% y 100 millones para llevar a cabo el proyecto al 100%.

Para ponernos en situación tenemos que tener en cuenta que Estados Unidos produce 80 millones de toneladas de acero al año. Por lo tanto, vemos que la cantidad necesaria de acero para llevar a cabo el proyecto es demasiado grande y, por tanto, teniendo en cuenta el coste del acero, muy caro. A todo esto habría que sumarle el coste de la fabricación y del transporte.

Los científicos dedicados al proyecto son conscientes de la gran magnitud del mismo y de su inviabilidad económica y técnica, sin embargo, pretenden demostrar que técnicamente se puede reducir el riesgo de que el ártico se descongele y de la posibilidad de luchar contra el cambio climático.

 

 

 

 

 

 

 

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