Es posible que estas navidades hayáis visto muchos patinetes eléctricos como el de la portada por vuestras calles o incluso en vuestras casas. Lo cierto es que son muy divertidos y a la vez utilizan una tecnología muy interesante.

Estos patinetes se autoequilibran, de tal forma que el usuario puede acelerar y frenar tan solo moviendo el cuerpo hacia adelante o hacia atrás. Del mismo modo, girar es tan sencillo como inclinar ligeramente el cuerpo hacia un lado o hacia otro.

El funcionamiento de este patinete se basa en el funcionamiento de varios mecanismos. En primer lugar, las baterías se conectan a dos motores eléctricos independientes en cada rueda.

Por otro lado, se encuentra el componente más importante para mantener el equilibrio, el giroscopio, este detecta cuando cambia de orientación el patinete para, de esta forma, poder mantener la orientación adecuada.

El giroscopio funciona mediante un sensor magnético que detecta la dirección de movimiento y la velocidad rotacional de la rueda. Todo el sistema se encuentra conectado a una unidad central de procesamiento (CPU).

El giroscopio mide constantemente la orientación de la rueda, y manda una señal a la CPU para que sea procesada e interpretada. De esta forma, si el patinete se inclina hacia adelante se manda la orden de acelerar los motores para compensar esa inclinación. Por el contrario, si se inclina hacia atrás se producirá el efecto inverso.

Finalmente, para girar a la izquierda la rueda derecha girará más rápida que la izquierda y, para girar a la derecha, justo lo contrario.

 

 

 

 

 

 

 

 

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