Durante el verano cientos de personas se dan un baño en la misma piscina, acto que facilita la propagación de enfermedades transmitidas por el agua.

Sin embargo, si la piscina está bien tratada podemos bañarnos con tranquilidad gracias a una sustancia química llamada Cloro.

Esta sustancia se añade al agua de la piscina disolviéndose y formando ácido hipocloroso, un ácido débil que actúa como desinfectante.

Este ácido elimina bacterias a través de un proceso denominado oxidación, capaz de destruir estructuras proteicas dentro de las células bacterianas.

El agua clorada es muy eficaz a la hora de desinfectar las piscinas, por el contrario, esta agua nos puede provocar diversas irritaciones en nuestra piel.

En ocasiones, cuando abrimos los ojos debajo del agua se nos irritan y se nos ponen rojos, sin embargo, el cloro no es el causante directo de esta irritación.

Esto se debe a una reacción que surge entre los compuestos de amoniaco que se encuentran en el sudor y en la orina de las personas con el ácido hipocloroso, esta reacción produce cloraminas, sustancias responsables del fuerte olor que desprenden las piscinas.

 

 

 

 

 

 

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